Real Maestranza: visita guiada
Una hora dentro de la plaza sevillana, entre albero dorado y cuadros del siglo XVIII.
Desde 25 €
Sevilla
No es solo un paso entre dos márgenes. Inaugurado en 1852 y levantado en hierro, este puente regala una de las vistas más claras del río, la Maestranza y las fachadas de Triana, sobre todo cuando cae la tarde.
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Una hora dentro de la plaza sevillana, entre albero dorado y cuadros del siglo XVIII.
Desde 25 €
Una hora de flamenco en un teatro histórico de Triana, cerca del escenario.
Desde 25 €
Una hora de flamenco en tablao íntimo, cerca del escenario y con mesa privada en Sevilla.
Desde 35 €
Un túnel vórtex, salas de espejos y hologramas llevan la vista por otro lado en pleno centro.
Desde 15 €
Una visita guiada de 1 h 30 min entre patios de convento y lienzos del Siglo de Oro sevillano.
Desde 18 €
Dos horas a pie entre plazas y monumentos, con salida en la Plaza del Salvador.
Una ruta guiada con gafas VR devuelve la Sevilla antigua a ocho rincones del centro.
Desde 55 €
La subida al mirador se cruza con una VR que devuelve la Hispalis romana al mismo suelo de la Encarnación.
Desde 29 €
Un paseo con audio por Triana entre azulejos, memoria obrera y luz del Guadalquivir.
Guía editorial
El Puente de Isabel II, más conocido como Puente de Triana, une el centro de Sevilla con una de las orillas con más personalidad de la ciudad. Se inauguró en 1852 y fue el primer puente fijo que permitió cruzar aquí el Guadalquivir sin depender del antiguo puente de barcas. Ese dato histórico se nota todavía en la manera en que se vive: no se cruza solo para llegar a otro lado, sino para sentir el cambio de ambiente entre el Arenal y Triana.
Su estructura de hierro es parte del atractivo, pero lo mejor suele estar alrededor. Desde el tablero se abren vistas limpias del río, de la otra orilla y del perfil sevillano junto al agua. Hacia el lado de Triana aparecen el mercado y el entorno del castillo de San Jorge; hacia el centro, el paseo junto al Guadalquivir y la ciudad histórica. Al atardecer, cuando la luz baja y el reflejo se alarga sobre el agua, el puente gana una calma muy fotogénica sin dejar de ser un lugar vivo.
Muchos puentes se usan; este además se lee. Ayuda a entender la relación de Sevilla con su río y con Triana, barrio de cerámica, cante y vida de calle. La experiencia más natural es sencilla: llegar caminando desde el centro, detenerse unos minutos a mitad del puente y entrar en Triana con el mercado a mano y las calles del barrio justo después. No hace falta más para que el paso tenga sentido.