Barcelona: experiencia de navegación con vermut
Noventa minutos en velero, un vaso de vermut y Barcelona dibujada desde el mar.
Desde 41 €
Barcelona
Entre el Port Olímpic y las torres del litoral, Nova Icària tiene un perfil sereno dentro del frente marítimo de Barcelona: arena amplia, aguas por lo general tranquilas y chiringuitos cerca para alargar la tarde sin mover demasiado el paso.
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Noventa minutos en velero, un vaso de vermut y Barcelona dibujada desde el mar.
Desde 41 €
Dos horas de navegación con bebidas a bordo y Barcelona encendiéndose frente al mar.
Desde 59 €
Dos horas sobre el agua, brisa en la cara y el perfil de Barcelona recortado junto al mar.
Desde 51 €
Seis horas y media entre carriles de e-bike, viñas de Alella y cubierta frente al Port Olímpic.
Desde 94 €
Cinco horas entre cubierta, luz del Mediterráneo y una cata en el viñedo.
Desde 129 €
Un velero privado frente a la costa de Barcelona, con la silueta urbana desde el mar.
Desde 459 €
Yoga en cubierta, unas dos horas de vela y el perfil de Barcelona sobre el agua de la mañana.
Desde 94 €
Dos horas de mar, cena a bordo y la silueta de Barcelona entrando en el atardecer.
Desde 165 €
Noventa minutos guiados desde los árboles de la Ciutadella hasta la luz del litoral.
Desde 49 €
Guía editorial
La Playa de la Nova Icària ocupa un tramo muy agradecido del litoral de Barcelona, entre el Port Olímpic y la línea de playas que sigue hacia el este. Aquí la ciudad no desaparece, pero baja el volumen: la arena es amplia, el horizonte se abre y el mar suele presentarse más amable que en otros puntos del frente marítimo. Por eso es una de esas playas donde apetece quedarse, no solo pasar.
Nova Icària tiene un ambiente cómodo y bastante transversal. Se ven grupos que alargan la mañana, familias que buscan espacio sin complicarse y parejas que enlazan baño y paseo. El perfil de la playa ayuda: una franja ancha de arena, acceso sencillo y el Port Olímpic muy cerca, con bares y restaurantes a mano. También es habitual encontrar redes y zonas de juego en la arena, un detalle que le da movimiento sin volverla agobiante.
Parte de su encanto está en lo que la rodea. Desde la orilla se leen bien las torres del litoral y el movimiento del paseo marítimo, una imagen muy reconocible de la Barcelona abierta al mar desde los cambios urbanos de finales del siglo XX. No es una playa aislada ni salvaje; su gracia está precisamente en esa mezcla de baño fácil, ciudad cercana y luz abierta. Funciona bien para una pausa corta, pero también para dejar que la tarde se estire entre arena, agua y una mesa frente al puerto.